Condena por «Violencia Estética» en caso de Cirugía Plástica

En un histórico fallo, una jueza de Buenos Aires ha incorporado el concepto de «violencia estética» al condenar a un médico por lesiones gravísimas y estafa en el contexto de tratamientos de belleza. Este caso marca un hito al utilizar por primera vez este término en una sentencia judicial en Argentina y América Latina.

La sentencia, que resultó en una condena de dos años de prisión e inhabilitación para el médico, se basó en la idea de «violencia estética», que se considera una variante de la violencia de género. La víctima, una mujer de 32 años, quedó en estado vegetativo después de someterse a múltiples cirugías estéticas realizadas por el médico.

La jueza responsable de este fallo, Karina Andrade, se reunió previamente con la socióloga Esther Pineda G, quien acuñó el término «violencia estética» en su libro «Bellas para morir». Esta colaboración entre el ámbito legal y las ciencias sociales representa un esfuerzo por abordar la violencia de género desde una perspectiva más amplia, que incluye la violencia estética.

Este fallo marca un precedente en Argentina y América Latina al sancionar la estafa y las lesiones graves en el contexto de la cirugía estética desde una perspectiva de género, reconociendo la «violencia estética» como parte de la violencia simbólica. Esther Pineda G, la autora del concepto, señaló que este fallo podría abrir la puerta para que casos similares sean tratados por las fiscalías especializadas en género.

En cuanto a la condena, el médico cirujano implicado fue condenado a dos años de prisión en suspenso y a la inhabilitación para ejercer la medicina por el mismo período. El director de la clínica donde se llevaron a cabo las cirugías, también acusado de los mismos delitos, no llegó a un acuerdo de juicio abreviado y enfrentará un juicio oral.

El fallo detalla que las cirugías realizadas excedieron lo acordado en el consentimiento informado y causaron lesiones gravísimas e irreversibles a la paciente. Además, señala que se llevaron a cabo en condiciones deficientes, ya que el médico no estaba especializado en cirugía estética y la clínica carecía de una unidad de cuidados intensivos adecuada para estos procedimientos.

La jueza también destacó la necesidad de revisar las normativas que regulan la actividad médica, ya que en este caso, el médico no necesitaba ser especializado en estética para realizar las cirugías, lo que llevó a la condena por estafa.

En última instancia, la jueza subrayó que, aunque la acusación inicial no enmarcó el caso como violencia hacia la mujer, es esencial considerar el contexto de violencia en el que ocurrieron los hechos. La presión social para cumplir con estándares de belleza puede llevar a mujeres a someterse a procedimientos riesgosos, y es responsabilidad de la sociedad y el Estado prevenir y erradicar este tipo de violencia.

Este fallo, junto con otro caso similar en la provincia de Formosa, sienta un importante precedente para abordar casos de violencia estética y garantizar la seguridad de las mujeres que buscan tratamientos estéticos. Ambos casos enfatizan la importancia de incluir la violencia estética en la legislación vigente para proteger a las mujeres y evitar la impunidad de los agresores en este contexto.

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